La luz fluorescente en oficinas o comercios puede provocar cefaleas y migrañas en personas sensibles. Esto ocurre porque muchos tubos y sus balastos antiguos emiten un parpadeo rápido, casi imperceptible para el ojo. Este fenómeno, conocido como flicker, junto con el deslumbramiento y una intensidad alta, sobre-estimula el sistema visual. El cerebro debe procesar este estímulo constante, lo que fatiga los nervios y puede precipitar un episodio de dolor, especialmente en quienes ya tienen predisposición.


El parpadeo imperceptible es el factor clave

El flicker de los fluorescentes con balastos electromagnéticos es el principal desencadenante. Aunque no se perciba de forma consciente, el sistema nervioso lo detecta y reacciona. Este parpadeo fuerza a los ojos y al cerebro a ajustarse continuamente, lo que genera tensión. Para quienes sufren migrañas, este estrés visual adicional puede ser el detonante que active el proceso neurológico del dolor. Los sistemas modernos con balastos electrónicos reducen mucho este efecto, pero no siempre se implementan.

Cómo mitigar los efectos de la luz fluorescente

Para reducir el impacto, se puede optar por lámparas LED de calidad que no parpadeen, usar filtros antideslumbramiento en las pantallas o colocar difusores en los tubos. Ajustar la posición del puesto de trabajo para evitar el reflejo directo y hacer pausas visuales mirando a puntos lejanos también ayuda. En entornos controlados, elegir iluminación con un índice de reproducción cromática alto y una temperatura de color cálida puede crear un ambiente más confortable para la vista.

A veces, la solución más simple es llevar una gorra o gafas de sol en interiores, aunque eso pueda hacer que te confundan con un espía o una estrella de rock en un día muy malo.