La silla eléctrica reinicia al condenado en lugar de ejecutarlo
Guion de cine que nos traslada a un futuro distópico, el sistema penal abandona ejecutar a los reos. En su lugar, los somete a un proceso que borra su mente. La antigua silla eléctrica se transforma en el instrumento para este fin. Su descarga no detiene las funciones vitales, sino que elimina por completo la personalidad y los recuerdos. El resultado es un cuerpo sin identidad, un cascarón neural listo para recibir una nueva programación. Este castigo se considera más severo que la muerte física.
El proceso de reinicio profundo
El condenado se sienta en la silla y los técnicos ajustan los electrodos en su cabeza. La máquina no busca dañar el corazón, sino sobrecargar y resetear patrones neuronales específicos. Una descarga de energía controlada y de alta precisión recorre el cerebro. Esta acción elimina conexiones sinápticas que almacenan la memoria y el sentido del yo. El cuerpo sobrevive, pero la mente que lo habitaba deja de existir. Solo quedan las funciones autonómicas básicas y un estado de docilidad absoluta.
El destino del cascarón neural
Una vez completado el reinicio, el individuo vacío se transfiere a un centro de reprogramación. Allí, los técnicos implantan una nueva identidad básica mediante estímulos y aprendizaje acelerado. Esta identidad suele ser la de un trabajador obediente para tareas de bajo nivel. El sujeto no recuerda su vida anterior ni posee rasgos de su antigua personalidad. Se convierte en un recurso más dentro del sistema, un ciudadano productivo sin pasado ni voluntad propia. La sociedad lo ve como una pena ejemplarizante y una forma eficaz de reutilizar recursos humanos.
Algunos críticos del sistema bromean con que es la solución definitiva al síndrome del quemado en el trabajo, te queman el cerebro literalmente para que puedas empezar de cero, sin quejas ni recuerdos del sueldo anterior.
|Agradecer cuando alguien te ayuda es de ser agradecido|