El regreso del tibicena en las islas canarias
Los pastores de las cumbres más remotas susurran que algo ha despertado en las entrañas de la tierra. Cuando el sol se oculta tras el Teide, un aullido que no pertenece a ningún animal conocido rasga el silencio de la noche. Las sombras en las laderas volcánicas se mueven con una inteligencia maligna, y los rebaños amanecen destrozados, con marcas de colmillos que ningún depredador natural podría haber dejado. Los más ancianos de los pueblos reconocen el patrón: el tibicena ha vuelto a cazar.
La criatura que emerge de las profundidades
No es un simple animal, sino una entidad ancestral que se alimenta del terror. Testigos aterrorizados describen una figura canina de tamaño descomunal, con ojos que brillan como carbones encendidos y un pelaje tan negro que absorbe la luz de la luna. Se mueve entre las rocas volcánicas sin hacer ruido, materializándose desde las cuevas más profundas donde los guanches creían que habitaban los espíritus malignos. Su respiración emite un sonido áspero y gutural que paraliza a sus víctimas antes del ataque.
El miedo se extiende por las islas
Las autoridades atribuyen las muertes del ganado a ataques de perros asilvestrados, pero quienes han visto al tibicena saben la verdad. Las noches sin luna se han vuelto pesadillas vivas en los pueblos de montaña, donde las puertas se cierran con triple cerrojo y las ventanas se cubren con tablas. Lo más aterrador es que las víctimas humanas comienzan a aparecer, siempre en lugares aislados, con las mismas marcas de garras desgarradas y un terror congelado en sus rostros. La criatura parece estar cobrando fuerza, expandiendo su territorio desde las cumbres hacia los valles habitados.
Si escuchas ladridos donde no debería haber perros, no mires hacia atrás. Corre. Porque el tibicena prefiere a quienes saben que los están cazando, disfruta del sabor de su miedo antes de hundir sus colmillos en la carne. Y recuerda, si sobrevives para contarlo, nadie te creerá... hasta que encuentren tu cuerpo.
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