Según el Indiana University Medicine, cuando los relojes se retrasan una hora produce una alteración que afecta directamente a nuestro ritmo circadiano, que es el reloj interno que regula funciones esenciales de nuestro organismo. Este desajuste temporal impacta en nuestro patrón de sueño, estado de ánimo, temperatura corporal y equilibrio hormonal, generando consecuencias inmediatas como somnolencia diurna, dificultades para adaptarse a los nuevos horarios y una notable disminución en la calidad del descanso nocturno.


Estrategias para re sincronizar el reloj interno

La exposición a la luz natural matutina resulta fundamental para ayudar a nuestro cuerpo a ajustarse al nuevo horario, ya que la luz solar actúa como señal principal para resetear nuestro ritmo circadiano. Mantener rutinas de sueño consistentes, incluso durante el fin de semana, facilita esta transición al crear patrones predecibles que nuestro organismo puede seguir más fácilmente, permitiendo una adaptación gradual y menos traumática.

Consecuencias del desfase horario

La interrupción del ritmo circadiano no solo afecta la calidad del sueño sino que también puede alterar procesos metabólicos y cognitivos. Estudios demuestran que este tipo de cambios horarios pueden influir en nuestro rendimiento laboral, capacidad de concentración e incluso en nuestro estado emocional, haciendo que nos sintamos más irritables o apáticos durante el periodo de adaptación que suele durar varios días.

Aunque ganamos una hora extra de sueño, nuestro cuerpo parece no entender este regalo temporal y prefiere mantener su rutina habitual, demostrando una vez más que la naturaleza humana no siempre sigue las reglas del horario de verano.