Imagina dos bloques de hielo perfectamente lisos deslizándose uno sobre otro. Parecería que no hay resistencia, ¿verdad? Pues resulta que, a nivel atómico, existe una fricción sutil que sigue desperdiciando energía. Los científicos la llaman fricción de no contacto o fricción electrónica, y es un fenómeno fascinante que ocurre incluso cuando las superficies no se tocan físicamente.


El roce invisible de los electrones

¿Cómo puede haber fricción sin contacto? Todo se reduce a las partículas más pequeñas. Cuando dos materiales se acercan mucho, sus nubes de electrones empiezan a sentirse e interactuar. Es como si intentaras mover un imán muy cerca de otro: sientes una fuerza, una resistencia, aunque no lleguen a chocar. Esta interacción entre las cargas eléctricas de las superficies genera calor y frena el movimiento, desperdiciando energía preciosa.

Algo curioso que probablemente no sabías

Esta fricción fantasma es un gran dolor de cabeza para la tecnología del futuro. En los dispositivos MEMS (sistemas micro-electromecánicos) que hay en tu móvil, como los giróscopos, estas pérdidas diminutas son un gran problema. Por eso, los investigadores están aprendiendo a sintonizar los materiales a nivel cuántico, jugando con su estructura para atenuar o incluso detener por completo este efecto, buscando la eficiencia perfecta.

Así que la próxima vez que tu móvil se caliente un poco, piensa que quizás, solo quizás, sus átomos están teniendo una pequeña discusión por fricción. La ciencia busca ahora ser la mediadora perfecta en esa pelea.