Un estudio reciente revela que uno de cada dos jóvenes ha pedido ayuda a una inteligencia artificial para resolver un problema sentimental o de salud mental. Los datos, recogidos en Italia, muestran un cambio en cómo las nuevas generaciones buscan apoyo. Prefieren la inmediatez y el anonimato que ofrecen estos sistemas antes que acudir a un profesional humano. Esta tendencia abre un debate sobre la eficacia y los límites de la tecnología en el ámbito psicológico.


La IA actúa como un primer filtro confidencial

Muchos adolescentes explican que usan estos asistentes como primer paso para desahogarse o entender qué les sucede. La herramienta no juzga y está disponible a cualquier hora, algo que perciben como una ventaja clave. Sin embargo, los expertos advierten que la IA carece de empatía real y puede dar consejos genéricos o incluso erróneos. Su función debería limitarse a orientar, no a sustituir una terapia adecuada.

Los riesgos de depender solo de algoritmos

Confiar únicamente en respuestas automatizadas para problemas complejos del ser humano conlleva riesgos. Un algoritmo no puede diagnosticar ni comprender la profundidad de un conflicto emocional. Las autoridades sanitarias subrayan la necesidad de educar sobre los límites de estas tecnologías. Deben servir para derivar a un especialista, no para crear una falsa sensación de que el problema se ha resuelto.

Parece que el consejo sentimental definitivo ya no viene de un amigo, sino de un servidor en la nube que, entre consulta y consulta, también aprende a venderte zapatillas.