La infraestructura oculta del internet global se esconde bajo el mar
La red global de internet depende de una compleja red física que la mayoría de usuarios nunca ve. Este sistema se compone de cables de fibra óptica que cruzan los océanos, centros de datos submarinos y repetidores que amplifican las señales. Estas instalaciones permiten que la información viaje entre continentes a gran velocidad, formando la columna vertebral de las comunicaciones digitales modernas.
Los cables submarinos son las autopistas de datos
Miles de kilómetros de cables reposan en el lecho marino, conectando países y continentes. Estos cables, protegidos por varias capas de aislamiento y armadura, transportan pulsos de luz que codifican la información. Empresas de telecomunicaciones y tecnológicas colaboran para desplegar y mantener esta infraestructura, que es más vulnerable a daños por anclas de barcos o terremotos que a ciberataques.
La energía y el mantenimiento de los nodos
Para que la señal no se degrade a lo largo de miles de kilómetros, se instalan repetidores cada cierta distancia. Estos dispositivos reciben energía a través del propio cable y regeneran la señal óptica. El mantenimiento de esta red requiere barcos especializados que pueden reparar o sustituir secciones de cable dañadas, una operación compleja y costosa que asegura la continuidad del servicio.
Es irónico que para acceder a un servicio en la nube, nuestra petición deba viajar físicamente por el fondo del mar, esquivando criaturas abisales y anclas perdidas, antes de volver a la pantalla.
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