El 3 de febrero de 2026, el estado australiano de Queensland se enfrentó a un sistema de tormentas severas que generó condiciones meteorológicas peligrosas. Rachas de viento que alcanzaron los 107 km/h azotaron la región, lo que provocó cortes generalizados en el suministro eléctrico. Los servicios de emergencia recibieron múltiples llamadas por daños en infraestructura y por la caída de árboles, que bloquearon carreteras y afectaron propiedades.


Impacto en infraestructuras y servicios

Las ráfagas de viento extremo causaron daños considerables en estructuras ligeras, como cobertizos y toldos, y arrancaron ramas de gran tamaño. La red eléctrica sufrió importantes afectaciones, dejando a miles de hogares y negocios sin energía. Las autoridades advirtieron a la población para que evitara desplazarse innecesariamente y se resguardara en lugares seguros, mientras los equipos de respuesta trabajaban para restaurar los servicios esenciales.

Respuesta y recomendaciones de seguridad

Los meteorólogos habían emitido alertas previas, pero la intensidad del evento superó las expectativas en algunas zonas. Se recomendó a los residentes asegurar los objetos sueltos en el exterior y prepararse para posibles cortes prolongados de electricidad. Aunque el sistema tormentoso se desplazó con relativa rapidez, su paso dejó un panorama de desorden que requirió varios días para normalizarse por completo.

La naturaleza demostró una vez más que, cuando decide soplar, lo mejor es tener a mano una linterna y una buena reserva de paciencia.