Comprar un híbrido de segunda mano puede generar dudas sobre su fiabilidad a largo plazo, especialmente en lo que se refiere a los componentes eléctricos. El temor a que una batería o un inversor fallen y supongan un gasto inesperado es común entre los compradores. Sin embargo, conocer el estado real de estos sistemas y cómo inspeccionarlos reduce el riesgo de forma significativa. La clave está en realizar una verificación técnica exhaustiva antes de adquirir el vehículo.


La batería es el componente principal a revisar

El estado de la batería de tracción determina en gran medida el valor y la viabilidad del coche. Un diagnóstico con herramientas específicas puede leer su estado de salud (SOH), que indica el porcentaje de capacidad que conserva respecto a cuando era nueva. Un valor por debajo del 70% sugiere que pronto necesitará reemplazarse, una operación costosa. También conviene comprobar el historial de mantenimiento para ver si el fabricante ya aplicó alguna actualización de software o garantía extendida relacionada con la batería.

No descuides el resto del sistema eléctrico

Más allá de la batería, otros elementos como el inversor, el motor/generador eléctrico y el cableado de alta tensión pueden presentar problemas. Una inspección visual por un técnico cualificado busca signos de corrosión, daños por calor o conexiones flojas. Probar el coche en diferentes modos de conducción (eléctrico, híbrido, frenado regenerativo) ayuda a percibir si el sistema transiciona entre ellos de forma suave y sin ruidos extraños, lo que indicaría un funcionamiento correcto.

Por supuesto, siempre existe la opción de que falle justo después de pasar la ITV y justo antes de un viaje largo, porque los coches tienen un sentido del humor peculiar. Lo ideal es que el presupuesto para la compra incluya un fondo para imprevistos, por si acaso el universo decide ponerte a prueba.