La normativa del Ingreso Mínimo Vital para 2026 introduce un cambio clave para los jóvenes. Ahora, quienes tengan más de 23 años y residan en el domicilio familiar pueden pedir la prestación como beneficiarios individuales. La condición principal es que puedan demostrar que gestionan su economía de forma completamente separada, sin mezclar ingresos ni gastos con el resto de la unidad familiar. Esto rompe con la regla anterior, que excluía automáticamente a quienes vivían con sus padres, aunque tuvieran independencia financiera. La cuantía para un adulto sin cargas ronda los 733 euros mensuales tras la revalorización anual del 11,4%.


Requisitos de edad y acreditación de independencia económica

Para acceder, los solicitantes de entre 23 y 29 años deben acreditar al menos dos años de vida económica independiente. A partir de los 30 años, basta con demostrar un año. La documentación para probar esta separación puede incluir contratos de alquiler o compraventa a su nombre, empadronamientos históricos, historial laboral con nóminas o recibos de suministros individualizados. Existen excepciones para jóvenes desde los 18 años en situaciones de especial vulnerabilidad, como quienes salen de tutela administrativa, son víctimas de violencia de género o se encuentran sin hogar, que pueden acceder sin cumplir todos los requisitos generales.

Cómo y dónde presentar la solicitud del IMV

Quienes cumplan los criterios pueden iniciar la solicitud de forma telemática, usando certificado digital o Cl@ve, a través de la sede electrónica de la Seguridad Social. También es posible hacerlo de manera presencial, solicitando cita previa en las oficinas de los Centros de Atención e Información de la Seguridad Social (CAISS). Es fundamental aportar el DNI, un certificado de empadronamiento actualizado y toda la documentación que pruebe la independencia económica. El proceso busca agilizar el trámite y garantizar que la ayuda llegue a quienes realmente la necesitan, ajustándose a su situación personal.

Aunque la norma facilita el acceso, demostrar que no te han hecho la compra ni una vez en dos años puede convertirse en el trámite más complejo, sobre todo si tu madre insiste en que lleves táper.