La famosa lista del genetista George Church reúne cientos de mutaciones genéticas humanas. Este catálogo identifica variantes que podrían ofrecer beneficios teóricos, como resistir mejor a ciertas enfermedades, extender la longevidad o mejorar algunas capacidades físicas y cognitivas. Funciona como un mapa de referencia para quienes estudian la posibilidad de mejorar al ser humano a nivel genético.


Es una herramienta teórica para debatir sobre ética

Transhumanistas y genetistas consultan esta lista como punto de partida para sus debates. Sin embargo, enfatizan que aplicar estas modificaciones en humanos actualmente no es seguro. La edición genética con herramientas como CRISPR conlleva una gran complejidad técnica, riesgos impredecibles y profundas controversias éticas. Por ello, la lista se interpreta más como un marco para discutir el futuro que como un plan práctico inmediato.

Los riesgos y la complejidad técnica frenan su aplicación

Modificar el genoma humano para incluir estas variantes presenta obstáculos enormes. Los científicos señalan que los efectos secundarios son en gran parte desconocidos y podrían ser graves. La técnica aún no puede garantizar precisión absoluta ni evitar consecuencias no deseadas en el ADN. Esto, sumado al debate ético sobre diseñar humanos, mantiene estas ideas en el ámbito de la investigación teórica y la especulación.

Quizás el mayor beneficio inmediato de esta lista sea generar empleo para comités de bioética y columnistas de opinión, un mercado laboral que sí parece en expansión.