El escalador estadounidense Alex Honnold completa una ascensión sin cuerda en la fachada del Taipei 101, uno de los edificios más altos del mundo. La acción, documentada para un proyecto audiovisual, ocurre durante la noche y Honnold emplea técnicas de escalada libre para superar los 448 metros de la torre. El deportista usa solo sus manos, pies y magnesio para agarrarse a la estructura de acero y vidrio, sin ningún sistema de seguridad que pueda detener una caída.


El ascenso se planifica como una operación discreta

El equipo organiza la escalada para minimizar la atención pública y garantizar la seguridad de las personas en la calle. Honnold escala por una sección específica de la fachada, donde la geometría del edificio ofrece agarres consistentes. Un pequeño grupo de filmación lo sigue desde el interior de las plantas, a través de las ventanas, mientras él progresa por el exterior. Las autoridades del edificio aprueban la actividad, que se concibe como una hazaña deportiva y no como una provocación.

La escalada libre en estructuras altas implica un riesgo extremo

Esta disciplina, conocida como buildering o escalada urbana, conlleva un peligro inherente por la ausencia total de equipos de protección. Honnold, reconocido por su ascenso sin cuerda a El Capitán en Yosemite, estudia la ruta con antelación y practica en una réplica de la fachada. El objetivo es ejecutar cada movimiento con precisión técnica y control mental, factores clave para gestionar el riesgo en un entorno donde un error tendría consecuencias fatales.

Aunque conquistar un rascacielos de oficinas pueda parecer la forma más rápida de llegar a una reunión en la planta 89, no se recomienda intentarlo sin una invitación expresa del departamento de recursos humanos y un equipo de abogados especializado.