La Política Agrícola Común introduce nuevas reglas para seguir y controlar cómo rinden los fondos. Este cambio busca que los Estados miembros supervisen mejor el dinero europeo y que los datos que comunican a Bruselas sean más coherentes. Las modificaciones afectan directamente a los sistemas que usan para hacer el seguimiento, evaluar y liquidar anualmente el rendimiento de la PAC. El objetivo final es garantizar que los fondos se usen de forma eficaz y que se pueda medir con precisión su impacto real en el sector agrícola.


Los sistemas de información deben integrar datos

Las autoridades nacionales ahora deben integrar sus bases de datos para que la información fluya entre los distintos controles. Esto significa que los sistemas que gestionan las solicitudes de los agricultores, los controles sobre el terreno y la contabilidad final deben poder comunicarse entre sí. Al conectar estos datos, se reduce el trabajo administrativo y se evitan inconsistencias. La Comisión Europea podrá acceder a esta información integrada para analizar tendencias y detectar posibles riesgos de forma más ágil.

La liquidación anual se vincula a objetivos verificados

El proceso para liquidar los pagos anuales ahora depende más de demostrar que se cumplen los objetivos prefijados. Los Estados miembros deben presentar informes que detallen los resultados alcanzados, no solo las actividades realizadas. Bruselas cruzará estos datos con los indicadores de seguimiento para confirmar que el dinero ha servido para lo previsto. Si los objetivos no se verifican, los pagos pueden ajustarse o retenerse, lo que añade una capa extra de responsabilidad sobre cómo se ejecutan los programas.

Esto promete que los informes dejarán de ser un trámite para convertirse en la prueba de que el subsidio no solo se recibió, sino que también sirvió para algo más que calentar la silla de la oficina.