El equipo Williams atraviesa un momento delicado durante los test de pretemporada en el Circuit de Barcelona-Catalunya. Su nuevo monoplaza, el FW47, ha sufrido varios problemas técnicos que limitan su rodaje y acumulan kilómetros perdidos. Estas incidences generan preocupación en la escudería, ya que dificultan recopilar datos y desarrollar el coche para el inicio del campeonato. Los pilotos, Carlos Sainz y Alexander Albon, se ven obligados a pasar largos periodos en el garaje mientras los ingenieros trabajan para resolver los fallos.


Sainz y Albon pierden tiempo valioso en pista

Carlos Sainz, quien se estrena con el equipo, y Alexander Albon, han podido completar muy pocas vueltas significativas. Los parones técnicos recurrentes impiden que ambos pilotos exploren los límites del FW47 y se adapten a su comportamiento. Cada minuto en boxes representa una oportunidad perdida para ajustar la puesta a punto y para que los pilotos adquieran sensaciones con el nuevo chasis. La falta de fiabilidad inicial es un contratiempo importante en un calendario de test tan ajustado.

La fiabilidad se convierte en la prioridad absoluta

El principal objetivo para Williams ahora es lograr que el coche sea robusto y pueda rodar sin interrupciones. Los ingenieros se concentran en diagnosticar y solucionar los fallos, que según informaciones podrían estar relacionados con sistemas electrónicos o de refrigeración. Hasta que no se garantice un funcionamiento básico fiable, no podrán centrarse en optimizar el rendimiento puro del monoplaza. La presión aumenta con la cercanía del primer Gran Premio de la temporada.

Mientras otros equipos acumulan vueltas, en el garaje de Williams prefieren revisar cada tornillo dos veces, una estrategia que, aunque lenta, evita que el coche se convierta en un caro adorno de carbón junto a la pista.