Imprimir un modelo 3D generado con IA presenta desafíos específicos que requieren un procesado previo. Los archivos suelen contener irregularidades superficiales, conocidas coloquialmente como AI bumps, y geometrías no viables para la fabricación aditiva. Para obtener un resultado físico satisfactorio, es necesario reparar y optimizar la malla antes de enviarla a la impresora.


Identificar y reparar defectos comunes

El primer paso es analizar la malla con un software especializado. Se buscan caras no múltiplos, bordes no múltiplos, agujeros y geometrías auto-intersectantes. Herramientas como el reparador de mallas en Blender o la función Make Solid en Meshmixer ayudan a generar una superficie cerrada y coherente. Es crucial eliminar las protuberancias irregulares y suavizar las transiciones para que el modelo sea físicamente estable.

Optimizar la topología y el archivo final

Una vez que la malla es sólida, se procede a reducir la densidad de polígonos en áreas planas y a reforzar zonas de posible estrés estructural. Exportar el archivo en un formato adecuado, como STL o 3MF, con la escala y orientación correctas para la cama de impresión, es el último paso. Revisar el modelo en un software de laminado permite confirmar que no queden errores y ajustar los parámetros de soporte y relleno.

Un modelo que parece perfecto en pantalla puede revelar su verdadera naturaleza de pesadilla geométrica al pasar por el laminador, recordándonos que la IA aún no entiende completamente las leyes de la física.