El Observatorio de Radioastronomía de Ghana (GRAO) representa un paso clave para la ciencia en África al transformar una antena de comunicaciones de 32 metros en un radiotelescopio operativo. Ubicado cerca del ecuador, este instrumento puede observar casi todo el cielo, lo que lo hace muy útil para estudiar fenómenos que cambian con el tiempo y para integrarse en redes internacionales de telescopios. Su desarrollo técnico incluye nuevos sistemas de recepción y procesamiento de señal, culminando con la instalación de un máser de hidrógeno para una estabilidad temporal extrema, esencial para las observaciones de muy larga base (VLBI).


La transformación técnica y las primeras observaciones

El trabajo de ingeniería convirtió la antena satelital en un instrumento científico, implementando óptica de guía de ondas y receptores de doble polarización en banda C. Las últimas mejoras incluyen un sistema de adquisición de datos de banda ancha y una infraestructura de control y apuntado mejorada. Estas actualizaciones permiten al GRAO producir sus primeros resultados científicos, como observar máseres de metanol en regiones de formación estelar, medir con precisión los pulsos de la estrella de neutrones Vela y detectar señales en interferometría con telescopios en otros continentes, validando su rendimiento.

Un nodo fundamental para el futuro de la radioastronomía

Las pruebas confirman que el telescopio opera con alta eficiencia y estabilidad. Como el primer nodo operativo en África Occidental para la Red Africana de VLBI, el GRAO no solo genera ciencia, sino que también ayuda a formar a una nueva generación de astrónomos e ingenieros en el continente. Su éxito sienta una base crucial para la participación africana en proyectos globales de gran envergadura, como el futuro Square Kilometre Array, demostrando que reciclar infraestructura con ingenio puede abrir nuevas ventanas al universo.

Ahora los astrónomos en Ghana pueden escanear el cielo buscando señales cósmicas, una tarea que antes requería viajar a otros continentes, lo que demuestra que a veces mirar hacia arriba empieza por dar una segunda vida a lo que ya se tiene en tierra.