Una configuración con una RTX 5060 Ti de 16 GB, un Ryzen 7 5800X, 32 GB de RAM, un SSD de 1 TB y Windows 11 Home puede funcionar para modelar y texturar en 3D. Esta combinación permite ejecutar software como Blender, Maya o ZBrush para crear modelos y aplicar texturas sin mayores problemas. El sistema responde bien en estas tareas, que dependen principalmente de la potencia de la GPU para ver la escena con fluidez y de la velocidad de los núcleos de la CPU para ciertos cálculos.


Los límites aparecen al simular, renderizar o usar realidad virtual

La tarjeta gráfica puede mostrar limitaciones al manejar simulaciones físicas complejas, como fluidos o partículas en gran cantidad, o al usar motores de render que aprovechan intensivamente la GPU, como Cycles o Redshift. En entornos de realidad virtual o aumentada con muchos polígonos y texturas de alta resolución, también puede notarse que el rendimiento no es óptimo. El procesador, aunque potente, no iguala el rendimiento en tareas que usan muchos núcleos de CPUs más modernas, como renderizar solo con la CPU o calcular simulaciones largas.

La memoria y el almacenamiento definen la capacidad de trabajo

Contar con 32 GB de RAM es suficiente para la mayoría de proyectos, pero escenas muy densas o tener varios programas abiertos a la vez, como el software 3D, Photoshop y un navegador con muchas pestañas, puede consumir toda la memoria disponible y hacer que el sistema se ralentice. En esos casos, ampliar a 64 GB aporta un margen de trabajo más cómodo. Un SSD de 1 TB se llena con relativa rapidez al guardar proyectos, librerías de texturas de alta resolución y archivos de caché de los renders, por lo que gestionar el espacio o plantearse una unidad de mayor capacidad es algo a considerar.

Windows 11 Home cubre las necesidades básicas, pero carece de funciones avanzadas de virtualización, administración de red y políticas del sistema que pueden ser necesarias en un entorno de producción profesional más estricto o cuando se requiere integrar el equipo en una red corporativa. Es un detalle que a menudo se pasa por alto hasta que se necesita una de esas herramientas y no está disponible.

Al final, es como tener un coche rápido para ir por ciudad, pero que no está preparado para llevar carga pesada o para correr en un circuito profesional; funciona, pero dentro de unos límites muy claros.