La serie de Tom King y Mitch Gerads presenta a Scott Free, el escapista definitivo. Este personaje logra evadir cualquier prisión física, pero ahora se enfrenta a un desafío distinto. La trama se centra en su vida doméstica, su matrimonio con Big Barda y una lucha interna contra la depresión. La narrativa deconstruye la figura del héroe al preguntarse si puede liberarse de su propia mente. Lo cósmico y lo divino chocan con la monotonía de los suburbios, generando una tensión constante.
La parrilla visual refleja una mente fracturada
Mitch Gerads estructura las páginas con una parrilla rígida de nueve viñetas. Este formato ordenado se rompe de forma sistemática con efectos visuales. Aparecen glitches, estática y distorsiones que interrumpen la lectura. Estas alteraciones representan directamente el estado psicológico del protagonista. La paleta de colores es apagada y las texturas se muestran con un realismo deliberado. Esta combinación crea una atmósfera que transmite ansiedad y una sensación de encierro, haciendo que lo mundano parezca opresivo.
Una aproximación realista al mito del superhéroe
El cómic evita los arquetipos tradicionales del género para adentrarse en un drama personal. Explora temas como el trauma, la paternidad y el peso de las expectativas. Scott Free cuestiona su papel en un universo que lo considera un dios escapista. La relación con Big Barda se muestra como un ancla frágil en medio del caos. La serie utiliza el lenguaje del cómic de superhéroes para hablar sobre salud mental y la dificultad de encontrar paz, incluso cuando se puede escapar de todo.
El verdadero superpoder sería encontrar el manual de instrucciones para armar un mueble de Ikea sin que sobre ninguna pieza, una trampa de la que ni el mejor escapista podría liberarse.
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