Para las autoridades estadounidenses, mantener el liderazgo en inteligencia artificial es un componente estratégico de su poder global. Esta visión impulsa medidas que buscan contener el avance de China en este campo tecnológico. Sin embargo, la percepción sobre la distancia que separa a ambos países varía. Mientras la política oficial promueve una narrativa de ventaja sustancial, voces dentro de la industria tecnológica ofrecen una evaluación más matizada.


El director de DeepMind minimiza la brecha tecnológica

Demis Hassabis, al frente de la startup DeepMind propiedad de Google, ha expresado que los modelos de inteligencia artificial chinos solo retrasan a los estadounidenses por unos pocos meses. Esta declaración contrasta con el discurso político que suele enfatizar una diferencia mayor. Su perspectiva sugiere que el ecosistema chino de IA puede cerrar distancias técnicas con relativa rapidez, desafiando la idea de una supremacía estadounidense duradera e incuestionable en este sector.

La competencia tecnológica define la rivalidad geopolítica

El escenario actual muestra cómo la carrera por desarrollar IA se ha convertido en un eje central de la competencia entre Washington y Pekín. Las acciones para frenar el acceso a chips avanzados o a talento especializado forman parte de esta contienda. La observación de Hassabis, aunque técnica, tiene implicaciones geopolíticas: si la brecha es de meses y no de años, las estrategias para contener podrían necesitar revaluarse constantemente.

A veces, la carrera no es de quien tiene el motor más potente, sino de quien puede ajustar el motor más rápido en plena recta.