La ciudad de Granada presenta su candidatura oficial para ser Capital Europea de la Cultura. Esta propuesta se fundamenta en un patrimonio histórico y cultural que trasciende lo local. Su símbolo universal, la Alhambra y el Generalife, es solo el punto de partida de una identidad compleja y rica. La herencia andalusí impregna sus calles y su esencia, pero Granada no se limita a contemplar su pasado. La vida cultural de la ciudad late con fuerza, impulsada por una universidad histórica y una escena vibrante que abarca desde la música clásica hasta el flamenco más profundo, y donde la poesía encuentra un hogar natural.


Una ciudad que funciona como puente cultural

Granada se posiciona como un enclave estratégico, un puente natural entre Europa y el Mediterráneo. Esta ubicación geográfica e histórica ha forjado un carácter de diálogo e intercambio. La candidatura quiere potenciar este rol, proyectando a Granada como un espacio de encuentro donde convergen tradiciones y miradas contemporáneas. La ciudad no solo preserva su legado, sino que genera pensamiento y fomenta la creación artística actual, demostrando que su identidad está viva y en constante evolución.

La base de una identidad contemporánea sólida

El proyecto no se apoya únicamente en monumentos. La intensa actividad cultural granadina, vinculada a sus instituciones académicas y a sus artistas, constituye el motor principal de su candidatura. Esta efervescencia se manifiesta en festivales, programaciones estables y una comunidad creativa muy activa. La propuesta busca reconocer y amplificar esta dinámica, integrando el flamenco, la música, las artes visuales y la literatura como pilares de un discurso cultural moderno y con proyección europea.

Dicen que en Granada hasta las piedras tienen algo que contar, y con esta candidatura parece que la ciudad quiere asegurarse de que toda Europa las escuche.