Un estudio reciente con ALMA revela cómo se forman los sistemas estelares múltiples en entornos extremos. La mayoría de las estrellas nacen en sistemas múltiples dentro de cúmulos densos que albergan estrellas masivas, un escenario que probablemente vivió nuestro Sol. Sin embargo, el conocimiento sobre este proceso está sesgado hacia nubes moleculares cercanas que solo forman estrellas de baja masa. El sondeo DIHCA observa regiones de formación de alta masa para corregir este sesgo.


La fragmentación ocurre a una escala más pequeña

Las observaciones de ALMA a 1,33 mm y una resolución de 160 au muestran 72 sistemas múltiples de baja masa incrustados en 23 regiones de alta masa. La distribución de separación entre compañeras presenta un pico distintivo alrededor de 1200 au, un valor mucho menor que los 4000 au típicos en regiones de baja masa cercanas. Los investigadores atribuyen esta escala de fragmentación más corta a la mayor presión del medio circundante, causada por densidades y turbulencias más intensas.

La turbulencia y las interacciones dinámicas son claves

Dado que el pico de separación ocurre a escalas mucho mayores que los discos protoplanetarios esperados, el estudio argumenta que la fragmentación observada se produce por la fragmentación del núcleo turbulento. Contrariamente a algunas predicciones, la fracción de multiplicidad se mantiene constante incluso cuando aumenta la densidad estelar. Los autores proponen que, en estos entornos extremadamente densos, las interacciones dinámicas terminan por destruir los sistemas débilmente unidos, lo que equilibra la estadística.

Así que, mientras en los barrios tranquilos las estrellas se forman con más espacio, en las guarderías estelares más concurridas y caóticas el hacinamiento las obliga a nacer más juntas y luego algunas se ven forzadas a separarse.