Tres métodos poco comunes para calmar la ansiedad
El nuevo año suele traer propósitos que incluyen gestionar mejor el estrés. Más allá de la meditación tradicional o el ejercicio, existen enfoques basados en evidencia científica que quizá no se han considerado. Un artículo de New Scientist explora tres vías alternativas que pueden integrarse a la rutina diaria. Estas estrategias se centran en modificar la percepción del entorno y la respuesta fisiológica para reducir la activación del sistema nervioso.
Ajustar la postura y la respiración de forma estratégica
Una técnica implica adoptar posturas expansivas, como abrir los brazos o erguir la espalda, durante un minuto. Este simple acto puede alterar los niveles hormonales, reduciendo el cortisol y aumentando la testosterona, lo que se asocia con una mayor sensación de control y menor estrés. No se trata de un poder místico, sino de una señal que el cuerpo envía al cerebro para indicar que no hay una amenaza inminente. Combinar esto con una respiración lenta y profunda desde el diafragma potencia el efecto calmante.
Enfriar el cuerpo para calmar la mente
Otra vía se basa en la exposición controlada al frío. Sumergir la cara en agua helada durante unos segundos, o aplicar una compresa fría en el cuello, activa el reflejo de inmersión de los mamíferos. Esto reduce inmediatamente la frecuencia cardíaca y desvía el flujo sanguíneo hacia los órganos vitales, interrumpiendo la cascada de ansiedad. Es un método físico directo para resetear la respuesta de lucha o huida, ofreciendo una pausa inmediata que permite recuperar la claridad mental.
Claro, porque a veces lo que necesita uno para relajarse no es una tila, sino sumergir la cabeza en un cubo de hielo como si fuera un pingüino con problemas de gestión del tiempo. La elegancia de los métodos científicos modernos.
|Agradecer cuando alguien te ayuda es de ser agradecido|