Quizás pronto podamos admirar Las Meninas sin tener que esquivar selfies
El Museo Nacional del Prado inicia su plan para 2026 con una iniciativa que busca transformar cómo se visita. El director, Miguel Falomir, presentó este miércoles el Proyecto Anfitrión, una serie de medidas que pretenden evitar que la experiencia en la pinacoteca se asemeje a usar el metro en hora punta. La idea central es recuperar el sentido de la visita como un acto cultural pausado y enriquecedor, frente a la masificación que a veces dificulta disfrutar de las obras.
El plan se basa en redistribuir el flujo de visitantes
Para lograrlo, el museo implementará estrategias que organicen mejor el acceso y la circulación por las salas. Se prevé gestionar de forma más eficiente los horarios de entrada, promover visitas en franjas horarias menos concurridas y optimizar los recorridos sugeridos. El objetivo no es limitar el número total de personas, sino distribuir su presencia a lo largo del día y de la semana para que nadie se sienta abrumado por las aglomeraciones.
La iniciativa responde a un desafío de los grandes museos
Falomir señaló que equilibrar el acceso universal con la conservación de las obras y la calidad de la experiencia es un reto común en las principales pinacotecas del mundo. El Proyecto Anfitrión representa la respuesta del Prado a este problema, buscando un modelo sostenible que garantice que los visitantes puedan percibir el arte con la calma que merece, sin que el museo pierda su vocación pública y abierta.
Quizás pronto podamos admirar Las Meninas sin tener que esquivar selfies o escuchar más conversaciones sobre el tráfico de Madrid que sobre la técnica de Velázquez. El museo aspira a que la única cola que importe sea la que forman los personajes del cuadro, no la de la taquilla.
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