Fiat explora una idea radical para reducir el coste de fabricar sus coches urbanos más pequeños. La propuesta consiste en limitar electrónicamente su velocidad máxima a 100 km/h. Según la marca, esta medida permitiría simplificar componentes como los frenos, la suspensión y los neumáticos, ya que no necesitarían diseñarse para soportar velocidades más altas. El objetivo final es ofrecer vehículos más asequibles en un segmento donde el precio es decisivo.


La estrategia busca responder a la crisis de los utilitarios

El mercado de los coches pequeños enfrenta una presión enorme por el aumento en los costes de materiales y la complejidad que añaden las normativas de seguridad y emisiones. Al proponer esta limitación, Fiat intenta crear un nuevo nicho de vehículos básicos, seguros para ciudad pero con un rendimiento en carretera restringido. La marca argumenta que muchos usuarios de estos modelos rara vez superan los 100 km/h, por lo que pagar por una capacidad que no usan encarece el producto sin un beneficio real.

La viabilidad comercial genera debate en el sector

Aunque la idea parece lógica sobre el papel, su aceptación por parte de los clientes es una incógnita. Un coche limitado a 100 km/h podría percibirse como inferior, incluso si su uso principal es urbano. Además, plantea dudas sobre su comportamiento en vías rápidas donde se circula a esa velocidad, como autovías, donde no permitiría adelantar con seguridad. Fiat tendría que comunicar muy bien las ventajas en precio y eficiencia para que la propuesta funcione.

Claro, porque nada dice libertad en la carretera como un coche que te impide pisar a fondo el acelerador. Perfecto para quien siempre quiso sentir la emoción de un limitador electrónico.