La recuperación tras un corte de luz en impresoras FDM falla a menudo
La función de reanudar una impresión tras una pérdida de energía, presente en muchas impresoras con firmware Marlin, no es tan fiable como se anuncia. El proceso depende de que la máquina guarde el estado de la impresión en la memoria no volátil justo en el momento del apagón. Si este guardado se interrumpe, los datos pueden corromperse y la recuperación falla por completo. Incluso cuando funciona, el sistema debe recolocar el cabezal con precisión milimétrica en las coordenadas X, Y y, sobre todo, Z. Un error mínimo al recuperar la altura Z puede hacer que la boquilla choque contra la pieza ya impresa, dañándola.
El problema principal reside en recolocar el eje Z
Recuperar la posición horizontal X e Y suele ser más sencillo, ya que el cabezal puede tocar ligeramente la pieza para calibrar su posición. El verdadero desafío es la coordenada Z. La impresora intenta recordar la altura exacta en la que se detuvo, pero pequeños deslizamientos mecánicos, una nivelación de cama no perfecta o que la pieza se haya despegado ligeramente pueden alterar esta referencia. Al reanudar, si la boquilla queda un poco más baja de lo debido, arrastrará el plástico ya depositado. Si queda más alta, dejará un hueco visible y un punto débil en la capa.
Cómo mitigar estos fallos de forma práctica
Para aumentar las probabilidades de éxito, se puede activar la opción de power loss recovery en el firmware y asegurar una fuente de alimentación estable. Es crucial que la superficie de impresión esté bien nivelada y que la primera capa se adhiera con fuerza para evitar que la pieza se mueva. Algunos usuarios prefieren desactivar esta función y confiar en un SAI (Sistema de Alimentación Ininterrumpida) para impresiones largas, ya que evita por completo que la impresora se apague. Otra estrategia es diseñar las piezas para que tengan un plano de corte natural, pausar manualmente la impresión en ese punto y así tener un lugar controlado para reanudar si es necesario.
La función promete salvar una impresión de veinte horas, pero a veces el remedio es peor que la enfermedad, dejando una cicatriz en la pieza que cuenta la historia de un apagón que preferirías olvidar.
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