Antes de que Roma domine Pompeya, la ciudad vive bajo el gobierno samnita. Sus baños públicos, aunque avanzados para la época, pueden resultar una experiencia poco agradable para los estándares actuales. El sistema que usan para calentar el agua y las habitaciones, la hypocaustum, funciona quemando leña en un horno subterráneo. Este método calienta el piso sostenido por pilares de ladrillo y permite que el aire caliente circule por las paredes a través de tubos de cerámica. Sin embargo, mantener una temperatura uniforme y constante es difícil, y los baños a menudo están fríos o llenos de humo.


La higiene en los baños públicos samnitas

La experiencia en estos baños comunales dista mucho de ser privada o íntima. Los usuarios se reúnen en grandes salas para bañarse, conversar y hacer negocios. Comparten el agua de las piscinas y usan aceites y strigiles, unos raspadores curvos de metal, para limpiar la piel. Aunque el agua a veces se renueva gracias a acueductos, su limpieza no es constante. La falta de jabón, sustituido por aceites y arena fina, y la acumulación de usuarios hacen que la sensación de limpieza sea relativa.

El legado arquitectónico y su evolución

Cuando los romanos conquistan la región, encuentran esta infraestructura. Adoptan y mejoran radicalmente el sistema de hypocausto, lo perfeccionan y lo extienden por todo su imperio. Los baños de Pompeya que hoy se excavan y admiran son en su mayoría la versión romana, construida sobre las bases samnitas. La ingeniería romana logra controlar mejor el calor, añadir sistemas de agua corriente y crear espacios más grandiosos y funcionales, transformando el baño en un ritual social central.

Imagina entrar en una sala cálida pero con un olor persistente a humo húmedo y sudor, donde el vapor se mezcla con los ecos de conversaciones en una lengua oscura, lejos del mármol pulido y el orden que luego impondrá Roma.