Las compañías que desarrollan inteligencia artificial avanzan en su tecnología pero se enfrentan al desafío de obtener ingresos de servicios que los usuarios no están acostumbrados a pagar. Modelos como los chatbots o los asistentes de búsqueda requieren una gran capacidad de procesar datos, lo que supone un coste operativo elevado. Por ello, las empresas exploran diferentes vías para generar beneficios y sostener estos desarrollos a largo plazo, sin depender únicamente de la inversión inicial.


Google apuesta por la publicidad personalizada en sus herramientas

Para Google, una estrategia clara consiste en integrar anuncios personalizados dentro de sus aplicaciones que usan inteligencia artificial, como el buscador o las funciones para comprar productos. El sistema analiza las consultas y el comportamiento del usuario para mostrar publicidad relevante en el momento preciso. Este enfoque permite financiar el servicio manteniéndolo gratuito para el usuario final, aunque plantea debates sobre la privacidad y la experiencia del usuario.

El reto de equilibrar innovación y negocio

El sector debe encontrar un equilibrio entre ofrecer herramientas potentes y definir un modelo económico viable. Algunas empresas prueban con suscripciones premium que desbloquean funciones avanzadas, mientras otras, como Google, refinan el modelo publicitario tradicional adaptándolo a la interacción con la IA. El éxito dependerá de que el usuario perciba un valor añadido claro, ya sea en la gratuidad del servicio básico o en las ventajas de una versión de pago.

Mientras los algoritmos aprenden a entender nuestros deseos, las empresas aprenden a convertir esa comprensión en facturas.