Los principales actores de la inteligencia artificial en China mantienen una perspectiva realista sobre el avance inmediato del sector. Reconocen que superar a su principal competidor geopolítico en los próximos tres a cinco años presenta obstáculos significativos. Esta visión pragmática surge de evaluar las limitaciones técnicas y políticas actuales, que condicionan la velocidad de desarrollo. El enfoque se centra en identificar barreras concretas más que en proyectar un dominio inminente.


La escasez de potencia de cálculo frena el progreso

Uno de los frenos más citados es la limitada disponibilidad de recursos computacionales. Entrenar modelos de IA avanzados requiere una inmensa capacidad de procesar datos, que depende de hardware especializado. La industria china busca optimizar el uso de sus centros de datos y desarrollar alternativas para suplir esta carencia. Sin embargo, construir una infraestructura competitiva a escala global demanda tiempo e inversiones masivas.

Las restricciones de exportación estadounidenses impactan el desarrollo

Las sanciones y controles de exportación impuestos por Estados Unidos sobre componentes clave, como chips de alta gama, complican aún más el panorama. Estas medidas afectan directamente la capacidad de China para acceder a la tecnología necesaria para impulsar sus sistemas de IA. El sector debe innovar para crear cadenas de suministro más autónomas o encontrar formas de sortear estas limitaciones, un proceso que naturalmente retrasa los plazos.

Así que, mientras algunos esperan una revolución de la IA china para mañana, los que la construyen hoy están ocupados buscando enchufes libres en la red eléctrica y chips donde puedan.