En 1976, la sonda Viking 1 fotografía la región marciana de Cydonia. Una de sus imágenes muestra una formación montañosa que se asemeja a un rostro humano. Richard C. Hoagland, un escritor científico, analiza esta y otras formaciones cercanas. Argumenta que la Cara de Marte y unas supuestas pirámides no son accidentes geológicos. Su hipótesis sugiere que son ruinas construidas por una civilización inteligente que habitó Marte en el pasado remoto. Este planteamiento convierte el libro en un referente de la arqueología anómala o exociencia.


La hipótesis genera un fenómeno cultural en décadas posteriores

La investigación de Hoagland trasciende el ámbito científico especializado. Durante los años ochenta y noventa, capta la atención del público de forma masiva. El misterio de la cara y las pirámides en Marte inspira documentales, libros y debates. Se convierte en un pilar para quienes buscan pruebas de vida extraterrestre dentro de nuestro sistema solar. El caso demuestra cómo una imagen puede alimentar teorías alternativas durante décadas.

El análisis enfrenta escepticismo científico mayoritario

La comunidad científica planetaria generalmente descarta la hipótesis de Hoagland. Explica las formaciones como el resultado de la erosión natural en la meseta de Cydonia. Imágenes posteriores de mayor resolución, como las de la sonda Mars Global Surveyor, muestran que la cara pierde su apariencia antropomórfica con más detalle. Para los geólogos, son simples mesetas y colinas erosionadas por el viento y otros procesos marcianos.

Aunque las naves modernas no hallan ciudades marcianas, la idea de una cara que nos observa desde el desierto rojo persiste en la cultura popular, demostrando que a veces vemos lo que queremos ver, incluso a 225 millones de kilómetros de distancia.