La variante de Gistaín es un proyecto de carretera que se construye en el Pirineo aragonés para comunicar mejor el valle. El trazado planea sustituir una vía antigua y sinuosa por una ruta más directa y segura. Las obras avanzan con gran esfuerzo técnico y económico, levantando imponentes muros de contención y modificando la ladera de la montaña. Sin embargo, el proyecto se detiene de forma abrupta antes de concluir. La carretera queda entonces como un camino que nace de la nada y termina en la nada, un fragmento de infraestructura moderna abandonado en la alta montaña.


El proyecto busca mejorar el acceso al valle
La iniciativa responde a la necesidad histórica de conectar el valle de Gistaín con el exterior de una manera más eficiente. La carretera original presenta curvas cerradas y un firme en mal estado, lo que dificulta el tráfico y lo hace peligroso en invierno. La nueva variante se diseña con una pendiente más suave y un trazado más amplio. Esto permite que los vehículos circulen con mayor fluidez y seguridad. La obra representa una inversión pública muy importante para una zona con poca población.

Las obras avanzan pero el proyecto se abandona
Los trabajos de ingeniería son complejos y requieren mover grandes volúmenes de tierra y roca. Se construyen largos tramos de muro de hormigón para contener el terreno. La carretera empieza a tomar forma, adentrándose en la montaña con una plataforma ancha y bien definida. No obstante, por razones que mezclan cambios en la planificación y posiblemente restricciones presupuestarias, la obra se paraliza. El asfalto nunca llega a cubrir la base preparada, y el trazado muere en un terraplén frente al vacío.

Hoy, este tramo inconcluso atrae a curiosos y ofrece una vista irónica: una vía que parece decidida a llegar a algún lugar, pero que en realidad no conduce a ninguna parte. Es un monumento involuntario a lo que pudo ser y no fue.