El videojuego The Finals se ejecuta en Unreal Engine 5 y su logro técnico principal reside en cómo procesa la destrucción. El servidor central calcula y sincroniza la demolición de casi cualquier elemento del entorno, lo que garantiza que todos los jugadores perciban el mismo caos al mismo tiempo. Este sistema genera un dinamismo visual constante, donde los escenarios se transforman durante cada partida.


Un estilo visual vibrante de show televisivo

El apartado gráfico adopta una estética colorida y saturada que evoca un programa de competición televisivo. Los efectos de partículas, las explosiones y las luces neón contribuyen a esta atmósfera espectacular. Para lograrlo, el juego emplea Lumen, el sistema de iluminación global dinámica del motor, y Nanite, que permite manejar geometría compleja y mantener el detalle visual incluso cuando el entorno se reduce a escombros.

La tecnología sustenta la jugabilidad caótica

La combinación de estas herramientas no es solo un alarde visual; define directamente cómo se juega. Los jugadores pueden derribar paredes para crear nuevas rutas, colapsar pisos superiores sobre los oponentes o destruir el suelo bajo sus pies. Esta interacción con el escenario, siempre sincronizada, convierte la destrucción en una mecánica de juego central y estratégica, más allá de ser un simple efecto visual.

Por supuesto, esta fidelidad técnica tiene un precio: tu tarjeta gráfica podría sentir que está participando en su propio espectáculo de destrucción, con todos los efectos especiales incluidos.