En 2026, la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense continúa desarrollando su programa Secure Mobile Environment Portable Electronic Device. Este proyecto no fabrica hardware nuevo, sino que toma teléfonos inteligentes comerciales disponibles y los modifica para cumplir con rigurosos estándares de seguridad. El objetivo es proporcionar a personal autorizado un dispositivo móvil que pueda manejar información clasificada fuera de entornos controlados, mitigando los riesgos inherentes a la tecnología comercial estándar.


El proceso transforma un dispositivo común en uno especializado

El programa SME PED selecciona modelos específicos de teléfonos. Expertos en seguridad eliminan el sistema operativo original y el firmware, sustituyéndolos por una versión endurecida y auditada. Después, instalan suites de cifrado certificadas y aplicaciones de comunicación segura. Este proceso busca crear una barrera robusta contra intrusiones, interceptaciones y exploits de software malicioso, asegurando la confidencialidad e integridad de los datos.

La estrategia equilibra seguridad, coste y practicidad

Este enfoque permite a la NSA aprovechar la economía de escala y la innovación rápida del mercado comercial, evitando los altos costes y los largos ciclos de desarrollo de un teléfono diseñado desde cero. El dispositivo resultante mantiene la forma y funciones básicas de un teléfono común, pero su núcleo de operaciones es radicalmente distinto. Se distribuye solo a personal que requiere manejar información sensible en movilidad, bajo estrictos protocolos de uso.

Un detalle irónico es que, mientras los usuarios comunes buscan rootear sus teléfonos para obtener más control, la NSA hace exactamente lo contrario, sella herméticamente el sistema para que nadie, ni siquiera el usuario, pueda alterarlo sin autorización.