En 2025, un grupo de físicos decide aplicar el método científico a dos platos aparentemente simples: la pasta cacio e pepe y los huevos hervidos. Su objetivo es definir parámetros exactos para lograr resultados perfectos y reproducibles. Publican sus hallazgos en revistas especializadas, proponiendo ecuaciones para calcular el movimiento al mezclar la salsa o modelar la transferencia de calor en el huevo. La comunidad científica recibe el trabajo como un ejercicio válido de física aplicada, pero el mundo culinario reacciona con escepticismo.


La ciencia busca perfeccionar la pasta cacio e pepe

Los investigadores analizan la emulsión de queso pecorino, pimienta negra y agua de cocción. Concluyen que la clave reside en la velocidad y el ángulo de giro del tenedor al mezclar, además de una temperatura precisa del agua almidonada. Proponen un método exacto que elimina la intuición del cocinero. Muchos chefs tradicionales italianos critican el enfoque, argumentando que convierte un gesto cultural en una fórmula fría y que ignora factores como la calidad del queso o el grosor de la pimienta molida en el momento.

El huevo hervido bajo el microscopio científico

El estudio sobre los huevos busca la yema completamente cuajada pero aún cremosa, con la clara totalmente sólida. Los físicos modelan la cocción como un problema de difusión térmica, considerando el tamaño del huevo y la temperatura inicial del refrigerador. Sugieren un tiempo calculado al segundo, rechazando métodos populares como contar minutos desde que el agua hierve. Los cocineros domésticos encuentran el proceso demasiado rígido para el día a día, aunque algunos admiten que los resultados son consistentes cuando se siguen las instrucciones al pie de la letra.

Mientras algunos entusiastas compran termómetros de precisión, otros se preguntan si la ciencia debe dictar cómo disfrutar de una comida sencilla, bromeando sobre la necesidad de un posgrado para preparar la cena.