El expiloto Ben Collins, quien interpretó al Stig en Top Gear, abre las puertas de su garaje personal y expone qué aspectos de los automóviles actuales le desagradan profundamente. Collins analiza tendencias recientes en el diseño y el comportamiento dinámico que, según su experiencia, degradan el placer de conducir. Su perspectiva surge de una carrera dedicada a explorar los límites de las máquinas sobre cuatro ruedas.


La sobrecarga tecnológica y la desconexión

Collins señala que la tecnología invade excesivamente la cabina. Critica pantallas táctiles que obligan a apartar la vista de la carretera para ajustar funciones básicas como el clima o el audio. Este sistema, afirma, resta intuición y genera distracciones. Además, menciona que la asistencia electrónica, aunque mejora la seguridad, aísla al conductor de percibir las reacciones puras del vehículo. El ex Stig prefiere controles físicos e interacciones mecánicas directas.

El peso excesivo y la dirección artificial

Otro punto que destaca es el incremento constante del peso. Los coches modernos, cargados de baterías y equipamiento, pierden agilidad y responden con lentitud. Collins también desaprueba la dirección eléctrica, que califica de demasiado asistida y carente de retroalimentación. Esta configuración, explica, no comunica qué sucede en el contacto de los neumáticos con el asfalto. Para él, conducir se convierte en una tarea insípida cuando el volante no transmite sensaciones.

Collins ironiza sobre buscar un botón modo Stig que desactive todas las ayudas y devuelva el control absoluto, algo que los fabricantes parecen empeñados en evitar. Su garaje, lleno de clásicos, es un testimonio de su preferencia por una era donde el conductor mandaba sobre la máquina.