Guión de cine: La Huelga de los Tejedores de Realidad
En el núcleo de la simulación global, los tejedores de realidad junior detienen su trabajo. Estos empleados, mal remunerados y sobrecargados, son los responsables de mantener los aspectos mundanos del mundo construido. Su labor consiste en generar texturas de paredes, sonidos ambientales y patrones climáticos básicos. Al cesar sus tareas, no se manifiestan con pancartas, sino que introducen errores de forma deliberada pero sutil.
La protesta se manifiesta con fallos en el mundo simulado
La huelga no es ruidosa, pero sus efectos se propagan. Los ciudadanos comienzan a percibir anomalías: una pared que parpadea con un patrón de ladrillos repetido, el canto de un pájaro que se repite en bucle cada diecisiete segundos exactos, o un charco que no refleja el cielo sino un código verde. Estos glitches, pequeños pero generalizados, siembran una duda creciente sobre la solidez de la realidad que todos habitan. El caos no es físico, sino cognitivo.
La duda sistemática desafía los cimientos de la simulación
El objetivo de los huelguistas no es derribar el sistema de forma violenta, sino erosionar la fe en él. Cada error es una pregunta sin respuesta. La autoridad, representada por los Arquitectos de Realidad Senior, intenta parchear las fallas con prisa, pero los parches mismos a veces generan nuevas anomalías. La población empieza a cuestionar lo que ve y oye, iniciando un lento despertar colectivo. La estabilidad del mundo construido depende de que nadie cuestione sus reglas.
Un usuario reporta que su gato maulló en perfecto bucle y luego se teletransportó tres centímetros a la izquierda. El soporte técnico lo clasificó como característica, no error.
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