Robert Custer define la adicción al juego como una enfermedad
El psiquiatra Robert Custer, en la década de 1970, identifica un patrón de conducta que va más allá de un simple vicio. Observa que algunos pacientes no pueden dejar de jugar a pesar de las graves consecuencias que sufren en sus vidas. Custer propone que este comportamiento compulsivo se parece más a una adicción química que a un problema de carácter o falta de voluntad. Su trabajo fundacional cambia cómo la psiquiatría entiende este trastorno, sentando las bases para diagnosticarlo y tratarlo como una enfermedad real.
El modelo de Custer separa el juego patológico del impulso
Antes de sus investigaciones, se solía pensar que los jugadores problemáticos solo tenían un defecto moral. Custer argumenta que existe una condición médica específica, que llama juego compulsivo. Describe fases claras: una de ganancias, otra de pérdidas y una final de desesperación donde la persona juega para recuperar lo perdido y pagar deudas. Este enfoque clínico permite crear criterios de diagnóstico objetivos, que más tarde incluirá el manual de psiquiatría DSM-III bajo el nombre de juego patológico.
Su legado influye en el tratamiento moderno de la adicción
La perspectiva de Custer abre la puerta a tratamientos estructurados. Al clasificar el juego como una adicción, se pueden aplicar terapias similares a las usadas con el alcoholismo, como grupos de apoyo de doce pasos. Su trabajo justifica que se investiguen las causas biológicas y psicológicas del trastorno. Hoy, con el aumento de las apuestas online y los videojuegos con mecánicas adictivas, su marco conceptual resulta más relevante que nunca para entender y abordar estas conductas.
Parece que, décadas antes de los loot boxes, alguien ya había hecho el tutorial sobre cómo reconocer cuándo un juego deja de ser diversión.
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