¿Qué pasa cuando un gigante del coche se da un golpe con la realidad?
Imagina que decides que en 2030 solo venderás zapatillas de correr. Pero resulta que la gente sigue queriendo botas y sandalias. Algo así le ha pasado a Stellantis, el grupo de marcas como Peugeot o Fiat. Anunciaron con bombo que solo venderían coches eléctricos para esa fecha, pero el plan se ha torcido completamente.
El coste de adelantarse demasiado
La idea era ambiciosa, pero chocó con un muro de ladrillo: la demanda real. La gente no compra coches eléctricos tan rápido como esperaban. El resultado es que han tenido que cancelar dos fábricas en EE.UU. y dar marcha atrás en su estrategia. Es como preparar una cena para cien personas y que solo vengan veinte. Te quedas con un montón de comida y una factura enorme, en este caso, de unos 22.000 millones que se han esfumado.
Algo curioso que probablemente no sabías
Este frenazo no es solo cosa de Stellantis. Es un síntoma de toda la industria. Incluso Tesla ha tenido que ajustar sus planes. Parece que la transición al eléctrico va a ser un maratón, no un sprint. Los fabricantes están aprendiendo, a veces a golpes, que no pueden forzar el mercado. Tienen que ir al ritmo que marcan los compradores, la infraestructura de carga y, claro, los precios.
A veces, en el mundo de los coches, pisar el freno a tiempo es más inteligente que acelerar hacia un precipicio. La próxima vez que oigas un anuncio grandilocuente sobre el futuro, recuerda que la realidad suele tener el volante.
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