¿Alguna vez te has preguntado cómo se defendía Japón de una invasión gigantesca? Imagina que, en el siglo XIII, el imperio mongol, el más grande de la historia, pone sus ojos en las islas japonesas. Para frenarlos, se construyó una muralla defensiva colosal. Ahora, en Fukuoka, quieren convertir sus ruinas en una instalación de aprendizaje para que todos podamos explorar esta historia épica.


Un muro de piedra contra un imperio

Este no era un muro cualquiera. Fue una respuesta de emergencia a dos intentos de invasión mongola. Piensa en construir algo así como la Gran Muralla, pero en tiempo récord y solo en la costa de Fukuoka. Era una barrera de piedra y tierra de unos 20 kilómetros, diseñada para evitar que los barcos enemigos desembarcaran. Era la línea de defensa más importante del país en ese momento.

Algo curioso que probablemente no sabías

Aquí viene lo más increíble: Japón se salvó por muy poco, y el tiempo jugó a su favor. Los mongoles eran guerreros temibles en tierra, pero sus flotas fueron arrasadas por tifones legendarios, los famosos vientos divinos o kamikaze. El muro, combinado con estas tormentas, fue clave para la defensa. Sin estos eventos, la historia de Japón podría haber sido muy diferente.

Es fascinante cómo un pedazo de historia, literalmente enterrado, puede contarnos una historia de resistencia casi cinematográfica. Quién diría que unas viejas piedras en la playa fueron testigos de uno de los momentos más decisivos del país.