La enorme fábrica Packard Automotive Plant en Detroit, Michigan, se alza como un esqueleto de hormigón y acero. Este complejo industrial, que antes fabricaba automóviles de lujo, ahora simboliza la decadencia que afectó a la ciudad. Durante décadas, permaneció abandonado y se convirtió en un imán para exploradores urbanos y artistas del grafiti, quienes documentaron su lenta ruina. En la actualidad, el silencio de sus naves vacías se rompe con el sonido de maquinaria pesada, ya que han comenzado las obras para demolerlo por completo.


Una fábrica que definió una era industrial

La planta inició sus operaciones en 1903 y llegó a ser un icono de la ingeniería automotriz estadounidense. En su momento de mayor actividad, el complejo se extendía sobre más de 40 hectáreas y empleaba a miles de trabajadores. La arquitectura de Albert Kahn, con sus grandes ventanales y estructuras de hormigón armado, estableció un estándar para las fábricas modernas. Sin embargo, cerró sus puertas de forma definitiva en 1958, un hecho que anticipó las dificultades económicas que después sufriría toda la región.

El presente marca el fin de un símbolo

Las autoridades de Detroit han decidido finalmente derribar la mayor parte de las estructuras que quedan en pie. El proceso para demoler un sitio de tales dimensiones es complejo y costoso, y se espera que dure varios años. Este acto busca eliminar un peligroso imán para el vandalismo y allanar el terreno para un posible nuevo uso del suelo. Así, la ciudad intenta pasar página de un capítulo muy visible de su historia industrial, aunque algunos lamentan perder un monumento a su pasado.

El lugar que inspiró portadas de discos y fondos para videojuegos postapocalípticos ahora solo inspira facturas de demolición.