En el centro de San Francisco, el proyecto Oceanwide Center se detiene. Este complejo planea albergar dos rascacielos, uno de 910 pies y otro de 605 pies de altura, que combinarían espacios residenciales de lujo, un hotel y oficinas. Sin embargo, las obras se paralizan en 2019 cuando el promotor chino, Oceanwide Holdings, enfrenta graves problemas de liquidez. Las torres a medio construir, con sus estructuras de acero expuestas, se convierten en un símbolo inesperado en el perfil de la ciudad.


Las causas de la paralización son financieras

El proyecto se topa con un muro de deuda. Oceanwide Holdings invierte fuertemente en el desarrollo, pero no logra asegurar la financiación necesaria para completarlo. La empresa acumula préstamos por cientos de millones de dólares y no puede refinanciarlos. El mercado inmobiliario de San Francisco, aunque robusto, no absorbe el riesgo que supone un proyecto de esta magnitud sin un respaldo financiero sólido. La situación se agrava con las tensiones comerciales internacionales y cambios en la política de inversión china en el extranjero, lo que seca una fuente clave de capital.

El impacto en el paisaje urbano es evidente

El esqueleto de las torres domina ahora un céntrico solar en First y Mission Streets. La estructura sin revestir altera el skyline y genera debates sobre el futuro del espacio. La ciudad busca soluciones, pero el proceso legal para reactivar o vender un proyecto de esta envergadura es complejo y lento. Mientras, el solar vacío y las grúas inmóviles recuerdan a diario la fragilidad de los ciclos de auge inmobiliario, donde la ambición a veces choca con la realidad económica.

Algunos urbanistas bromean diciendo que el complejo ofrece el penthouse más exclusivo de la ciudad: vistas panorámicas inigualables, mucha ventilación natural y, eso sí, requiere subir a pie.