La NASA reanuda en 2025 las pruebas de motores de cohete de propulsión nuclear térmica, un programa que interrumpió hace más de seis décadas. Esta tecnología, que se investigó entre las décadas de 1950 y 1970, promete transformar cómo viajamos por el espacio. Los ingenieros buscan ahora resolver los desafíos técnicos que antes detuvieron el proyecto, aprovechando materiales y simulaciones computacionales modernas. El objetivo es desarrollar un sistema de propulsión más eficiente para misiones tripuladas más allá de la órbita terrestre baja.


La propulsión nuclear permite viajar más lejos y rápido

Un motor nuclear térmico calienta un propelente, como hidrógeno líquido, usando un reactor nuclear compacto. Este proceso genera un empuje mucho mayor que un motor químico tradicional con la misma cantidad de combustible. Por ello, una nave equipada con este sistema puede reducir a la mitad el tiempo de viaje a Marte. Además, al necesitar menos masa para el propelente, la nave puede transportar más carga útil, como instrumentos científicos potentes o sistemas de comunicación avanzados.

Los nuevos ensayos buscan validar materiales y diseños

Las pruebas actuales se centran en experimentar con componentes críticos y combustibles especiales que puedan soportar las extremas condiciones de funcionamiento. Los equipos de la NASA y sus socios, como DARPA, ya han realizado demostraciones de tecnología clave en tierra. El siguiente paso es preparar una prueba de vuelo en el espacio para validar el rendimiento del sistema completo. Superar estos hitos es esencial para planear misiones tripuladas sostenibles a destinos distantes.

Aunque la idea suena a ciencia ficción de los años 60, hoy se trabaja para que no se quede solo en los archivos, sino que despegue de verdad. El desafío ya no es solo encender el reactor, sino asegurar que el viaje interestelar no dependa de una tecnología que se quedó en el dibujo.