La empresa Telly opera con un modelo de negocio que se basa en regalar televisores inteligentes a los usuarios. A cambio, estos dispositivos muestran de forma continua una barra de publicidad que no se puede desactivar. Esta franja ocupa una parte de la pantalla y permanece visible incluso cuando se consume contenido de otras aplicaciones o servicios. La compañía obtiene sus ingresos al vender estos espacios publicitarios a los anunciantes, lo que le permite financiar el coste del hardware para el consumidor final. El planteamiento busca crear una nueva categoría en el mercado de la televisión, donde el espectador accede a tecnología avanzada sin un desembolso inicial.


El modelo enfrenta desafíos logísticos pero se mantiene operativo

Aunque la propuesta ha logrado captar la atención del público, Telly ha tenido que superar algunos problemas para entregar los televisores. Estos retrasos en la logística y la distribución han generado cierta expectación entre los clientes que esperan recibir su unidad. A pesar de estas dificultades iniciales, la compañía continúa con su plan y sigue enviando dispositivos. Los informes indican que el negocio es viable y que la empresa procesa un volumen considerable de solicitudes. La recepción por parte de los usuarios que ya tienen el televisor es mixta, ya que algunos valoran el producto gratuito mientras otros critican la intrusividad del formato publicitario.

La publicidad integrada define la experiencia del usuario

La esencia del modelo de Telly reside en integrar la publicidad de una manera permanente en la interfaz. El televisor incluye una segunda pantalla más pequeña en la parte inferior, dedicada exclusivamente a mostrar anuncios, noticias, cotizaciones o el clima. Este espacio funciona de manera independiente y no interrumpe el contenido principal que se reproduce en la pantalla grande. La empresa argumenta que este sistema permite ofrecer un dispositivo de gama alta con funciones como reconocimiento de voz y sonido de calidad sin coste para el usuario. La viabilidad a largo plazo dependerá de que los anunciantes sigan invirtiendo en esta plataforma y de que los consumidores toleren el intercambio.

Quienes reciben el televisor firman un acuerdo que les compromete a usarlo como su pantalla principal y a reportar datos de visualización, un detalle que no todos leen con atención antes de aceptar la ganga.