El cómic BLAME! de Tsutomu Nihei presenta un futuro distópico
Killy, un personaje silencioso, deambula por una megaestructura urbana que se expande sin control. Esta entidad, conocida como La Ciudad, crece de forma autónoma y ha consumido el sistema solar. Killy busca a un humano con un código genético específico, los genes de terminal de red, que podrían permitir que la humanidad vuelva a comunicarse con la autoridad que gestiona la infraestructura y detenga la expansión caótica. Su viaje transcurre por paisajes arquitectónicos inconmensurables y hostiles.
El estilo visual define la atmósfera opresiva
Tsutomu Nihei emplea un trazo detallado para dibujar estructuras a una escala que empequeñece a los personajes. Utiliza el negro de forma extensa, lo que genera una sensación de profundidad y aislamiento. Este enfoque artístico, que algunos asocian con el ciberpunk más industrial, prioriza representar la arquitectura sobre los diálogos, creando un ambiente donde el entorno es el elemento narrativo principal.
La trama explora conceptos de tecnología y aislamiento
La historia se desarrolla en un escenario posthumano donde las máquinas construyen sin un propósito claro. La búsqueda de Killy es un hilo conductor que revela los distintos niveles y habitantes de La Ciudad, desde humanos adaptados hasta entidades artificiales hostiles. El relato avanza de forma fragmentada, con más énfasis en mostrar el mundo que en explicarlo directamente, lo que invita a interpretar.
Para quien siempre se queja de que su ciudad tiene un tráfico infernal y un urbanismo caótico, BLAME! ofrece una perspectiva que, quizás, haga valorar los atascos matutinos.
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