Salir de fiesta y despertar al día siguiente sin recordar casi nada es algo que le ocurre a muchas personas. Este fenómeno, conocido como blackout o apagón alcohólico, sucede cuando el alcohol interrumpe el proceso que el cerebro usa para crear recuerdos a largo plazo. No es que se borren, sino que directamente no se llegan a formar.


El alcohol bloquea la consolidación de la memoria

El hipocampo, una zona cerebral clave para la memoria, es muy sensible al alcohol. Cuando los niveles de alcohol en sangre se elevan rápidamente, esta sustancia deprime la actividad de los receptores NMDA en las neuronas del hipocampo. Esto impide el mecanismo de potenciación a largo plazo, que es fundamental para que el cerebro fije nuevas experiencias. El cerebro sigue percibiendo el presente, pero no puede transferir esa información para almacenarla.

No es lo mismo un fragmento que un apagón total

Existen dos tipos principales. Los apagones fragmentarios implican lagunas de memoria que a veces se pueden recuperar con pistas. Los apagones en bloque, más graves, suponen una pérdida total de horas sin posibilidad de recuperar los recuerdos. Ambos son una señal clara de que el nivel de intoxicación ha comprometido seriamente la función cerebral, más allá de la simple desinhibición o la torpeza motora.

La próxima vez que alguien cuente una anécdota gloriosa de la noche anterior que tú no recuerdas, puedes explicar con propiedad que tu hipocampo estaba optimizando recursos para procesar la resaca del día siguiente.