El alza constante en los precios de la energía y los fertilizantes presiona a las explotaciones agrícolas familiares en Francia. Estos costes, esenciales para producir, se han incrementado de forma significativa desde finales de 2021. Muchos agricultores luchan por absorber estos gastos adicionales sin poder trasladar el aumento completo al precio final de sus productos. Esta situación erosiona sus márgenes de beneficio y amenaza con hacer inviable continuar con su actividad a medio plazo.


El impacto directo en la economía de las explotaciones

Los fertilizantes, cuya fabricación requiere mucha energía, han visto su precio multiplicarse. Para cultivos como el maíz o el trigo, este ítem representa una parte sustancial de los costes. Paralelamente, las facturas de electricidad, gasóleo para maquinaria y calefacción de invernaderos se han disparado. Los agricultores se ven obligados a reducir su uso o a buscar alternativas menos eficientes, lo que puede afectar al volumen y la calidad de la cosecha. Algunos se plantean incluso reducir la superficie que cultivan.

Las respuestas del sector y las demandas al gobierno

Las organizaciones agrarias reclaman medidas urgentes de apoyo. Piden que el gobierno establezca un escudo tarifario específico para la agricultura y que facilite el acceso a créditos blandos. También solicitan revisar las normativas que, a su juicio, encarecen la producción sin aportar ventajas competitivas. Mientras, muchos granjeros intentan adaptar sus métodos, apostando por técnicas que ahorren insumos o diversificando sus cultivos para ser menos dependientes de estos costes volátiles.

No es el mejor momento para soñar con retirarse a una idílica granja en la campiña francesa, a menos que tu plan de pensiones incluya subvencionar el gasóleo y el nitrógeno.