Un equipo de investigadores diseña robots más pequeños que un grano de sal que pueden procesar información y moverse sin usar motores, engranajes o baterías. Estos microdispositivos, que miden menos de 0.1 milímetros, emplean materiales piezoeléctricos que se deforman con la electricidad para generar movimiento. La clave reside en integrar circuitos electrónicos directamente en su estructura, lo que les permite percibir su entorno y responder de forma autónoma.


El cerebro y el motor en un solo componente

El sistema elimina la necesidad de partes móviles tradicionales. En lugar de un motor, usa un material que vibra a frecuencias específicas cuando recibe una señal eléctrica. Estas vibraciones, controladas con precisión por un circuito integrado diminuto, impulsan al robot en un fluido. El mismo circuito actúa como su cerebro, ya que puede ejecutar instrucciones simples almacenadas en su memoria, como avanzar, girar o detenerse ante un obstáculo.

Potencial para aplicaciones médicas internas

Esta tecnología podría usarse para administrar fármacos dentro del cuerpo humano de forma dirigida. Al ser tan pequeños, estos robots podrían navegar por el torrente sanguíneo o tejidos para liberar medicación justo donde se necesita. Los científicos experimentan con diferentes formas y materiales para optimizar su desplazamiento en entornos biológicos complejos, lo que representa un paso hacia herramientas médicas menos invasivas.

Quizás el futuro de la cirugía no esté en manos de un robot gigante, sino en un enjambre de estos, que una vez dentro, decidan por sí mismos que tu apéndice les parece un lugar perfecto para una reunión.