En el jardín del Pazo de Oca, en la provincia de Pontevedra, dos camelias centenarias crecen con sus troncos y ramas entrelazados. Este fenómeno botánico da forma a una leyenda local que narra la historia de un hidalgo y una campesina cuyo amor no pudo concretarse en vida. La tradición oral sostiene que, tras fallecer, sus almas se fundieron en estas plantas, transformando el espacio en un símbolo de unión perpetua. Los visitantes que recorren este lugar, a menudo descrito como el Versalles gallego, perciben una atmósfera particular que muchos asocian con el eco de ese vínculo.


El jardín y su contexto histórico

El Pazo de Oca es una propiedad señorial cuya construcción se remonta al siglo XVIII, aunque sus orígenes son anteriores. Sus jardines, diseñados con estilo barroco, integran elementos arquitectónicos, estanques y una colección botánica notable. Las camelias, plantas emblemáticas de Galicia, encuentran aquí un entorno propicio, y el ejemplar entrelazado destaca entre ellos. El conjunto paisajístico representa un ejemplo de cómo el arte de diseñar jardines se desarrolló en las residencias aristocráticas de la región.

La narrativa de la leyenda popular

La historia que explica las camelias habla de un romance entre personas de distinta clase social en una época donde estas uniones enfrentaban una fuerte oposición social. La imposibilidad de estar juntos en vida habría encontrado, según el relato, una resolución simbólica en la naturaleza. Esta narrativa se transmite de generación en generación y contribuye a dotar al jardín de un valor inmaterial que trasciende su apreciación estética, añadiendo una capa de significado cultural al visitar el lugar.

Quienes buscan un gesto romántico extremo podrían considerar que convertirse en un arbusto centenario junto a su pareja es una meta a largo plazo, aunque requiere una paciencia botánica considerable.