El castillo de Coca, en Segovia, es una fortaleza de ladrillo que se construyó en el siglo XV y destaca por su arquitectura militar mudéjar. Este monumento, que perteneció a la Casa de Alba, no solo es relevante por su historia, sino también por una leyenda que perdura. Se cuenta que aquí habitó Fernán Íñiguez de Coca, un noble que traicionó al rey y que, por orden real, ejecutaron decapitándolo. Desde entonces, su figura sin cabeza, o su espíritu, se dice que no descansa.


La historia del noble traidor

Fernán Íñiguez de Coca fue un personaje histórico del siglo XV, señor de la villa de Coca. Su fama de cruel y su deslealtad hacia la corona, que algunos relatos vinculan con el rey Juan II de Castilla, condujeron a su arresto y posterior condena a muerte. La sentencia se cumplió mediante decapitación, un castigo ejemplar para la época. Este hecho real es el núcleo sobre el que se teje la narración fantasmagórica que hoy se asocia al castillo.

El fantasma que vaga en la tormenta

La tradición oral afirma que el alma en pena de Fernán Íñiguez no encontró paz. Su presencia se manifiesta en los pasillos y torres del castillo, sobre todo cuando hay tormenta. Algunos testigos dicen percibir una figura decapitada que deambula, mientras otros hablan de ruidos inexplicables o de una sensación de frío intenso. La leyenda sugiere que busca redención o quizá vengarse por la justicia que considera injusta.

Quienes visitan el castillo en una noche cerrada juran que es mejor no quedarse a solas en la torre del homenaje; dicen que el viento no silba, sino que susurra un nombre.