La banca europea se enfrenta a un cambio estructural silencioso impulsado por la inteligencia artificial. Un informe de McKinsey & Company estima que el sector podría reducir hasta 200.000 puestos de trabajo para 2030. Este ajuste no se plantea como despidos masivos, sino como una transformación gradual donde los roles operativos y administrativos se automatizan. Los bancos buscan optimizar costes y mejorar su eficiencia en un entorno de bajos tipos de interés y competencia feroz.


La automatización redefine los puestos de trabajo

La inteligencia artificial y el procesamiento automatizado de tareas afectan principalmente a áreas como la atención al cliente, el procesar datos y la gestión de operaciones de back-office. Los algoritmos pueden ejecutar transacciones, analizar riesgos y responder consultas básicas con mayor rapidez y menor margen de error. Esto libera a los empleados humanos para que se enfoquen en labores que requieren más juicio, creatividad o interacción personal compleja, aunque la transición requiere reciclar profesionalmente a una parte significativa de la plantilla.

El futuro combina tecnología y talento humano

El sector financiero europeo no desaparece, sino que se transforma. La estrategia pasa por implementar la IA para ser más competitivos, al tiempo que se desarrollan nuevas capacidades en la fuerza laboral. Se espera que surjan roles especializados en gestionar sistemas de IA, ciberseguridad y análisis de datos complejos. El desafío para los bancos y los reguladores es organizar esta transición de manera que se minimice el impacto social y se aproveche el potencial de la tecnología para mejorar los servicios.

Mientras los algoritmos aprenden a detectar fraudes, algunos empleados quizás empiecen a sentir que su jefe es un sistema que nunca se toma un café, solo actualizaciones de software.