La iluminación fluorescente en oficinas y espacios de trabajo sigue siendo un factor que empeora el síndrome de visión informática. Su luz parpadea a alta frecuencia, aunque el ojo no lo perciba de forma consciente, y su espectro suele estar desbalanceado. Esto genera un estrés constante en el sistema visual cuando se combina con el uso prolongado de pantallas digitales. El brillo excesivo de estos tubos, junto con el contraste deficiente y los reflejos que crean sobre las pantallas, fuerza a los ojos a esforzarse más para enfocar y procesar la información visual.


Los síntomas que provoca este tipo de luz

Las personas que trabajan bajo luz fluorescente y frente a pantallas suelen experimentar ojos secos e irritados con mayor frecuencia. La visión borrosa y la dificultad para enfocar, especialmente al cambiar la mirada entre la pantalla y otros objetos, son síntomas comunes. Este malestar visual se debe a que la luz parpadeante y desbalanceada interfiere con el proceso natural de acomodación del cristalino, forzando a los músculos oculares a un trabajo extra que deriva en fatiga.

Cómo mitigar sus efectos en entornos digitales

Para contrarrestar estos efectos, se recomienda usar luminarias LED de espectro completo y alta frecuencia, que eliminan el parpadeo perceptible. Colocar filtros antirreflejos en las pantallas y ajustar su brillo para que armonice con la luz ambiental también ayuda. Es crucial organizar el espacio de trabajo para que la luz fluorescente no incida directamente sobre la pantalla, creando reflejos, y complementar con luz natural o lámparas de escritorio de tono cálido que reduzcan el contraste agresivo.

A veces parece que el mayor enemigo de la productividad no es la distracción en internet, sino el tubo de luz que parpadea sobre tu cabeza como si tuviera un mensaje urgente en código morse.